Songtexte
En la sierra donde el polvo se mezcla con memoria aprendí a forjar mi nombre con golpes que nunca pidieron permiso,
la vida me enseñó a ritmo de acero que nadie te salva si tú no te salvas primero,
y aunque muchos creyeron que yo venía roto, lo que traía era filo escondido bajo calma de tormenta,
porque soy el hombre que camina entre sombras sin temerles,
el que convierte cada caída en un pacto nuevo con su propio destino.
Desde morro me dijeron que el miedo manda, pero yo aprendí a responderle con carcajadas,
porque Soy firme cuando todo tiembla,
y mientras otros buscan suerte yo busco camino,
apurado por un corazón que late como tambor de guerra,
marcando el paso que nadie puede detener.
Crecí viendo cómo la gente se rinde sin avisar,
pero yo no vine a este mundo a pactar con la flojera,
pues Mi mente obedece a mi coraje,
y cada amanecer lo recibo como si fuera un reto directo del universo.
Dicen que uno carga su historia como carga un fusil,
y yo lo cargo bien, sin que me pese, porque sé de dónde vengo y sé a dónde voy.
En los ranchos dicen que quien mira de frente nunca pierde,
y yo he aprendido a mirar incluso cuando la noche me gruñe al oído,
porque Elijo avanzar siempre,
y aunque el cansancio se aferre a mis talones, no me tumba,
ni me doma, ni me arranca el fuego que llevo debajo del pecho.
Yo conozco el filo de mis dudas, las he visto bailar alrededor de mis sueños,
pero también sé enfrentarlas sin pestañear,
porque Nada me quiebra por dentro,
ni la soledad, ni el frío, ni la memoria de mis errores.
Todo eso lo convierto en polvo viejo que dejo atrás con cada paso nuevo.
El camino no se abre solo, hay que empujarlo con dientes,
con decisión, con carácter, con alma,
porque Mi espíritu no retrocede,
y aunque haya tormentas que quieran apagarme, al final soy yo quien decide cuánto brillo.
Muchos creen que el miedo es enemigo,
pero el miedo también es herramienta en manos del valiente,
por eso El miedo trabaja para mí,
y me afila, y me avisa, y me empuja a cruzar puertas que otros ni se atreven a tocar.
La vida no me regaló disciplina, me la tatuó a golpes,
me la sembró en los huesos hasta hacerse parte de mí,
y por eso La disciplina es mi libertad,
mi modo de enfrentar el mundo sin pedir permiso,
con pasos que no tiemblan aunque todo alrededor se desmorone.
He escuchado voces internas que me quieren frenar,
pero aprendí a distinguir la mentira del impulso verdadero,
porque Mi voz interna es aliada,
y cuando habla, la escucho, porque me habla con la verdad de la sangre que he derramado por llegar hasta aquí.
No hay camino seguro, no hay destino asegurado,
pero hay hombres que caminan con tal claridad que la tierra misma se acomoda,
y por eso Camino con certeza total,
sin prisa, sin miedo, sin pedir aplausos,
solo con la convicción de que donde pongo el pie dejo grabada mi historia.
Y así sigo, firme como trueno, tranquilo como río viejo,
con la memoria despierta y los puños listos por si la vida me quiere probar otra vez,
porque este corrido
la vida me enseñó a ritmo de acero que nadie te salva si tú no te salvas primero,
y aunque muchos creyeron que yo venía roto, lo que traía era filo escondido bajo calma de tormenta,
porque soy el hombre que camina entre sombras sin temerles,
el que convierte cada caída en un pacto nuevo con su propio destino.
Desde morro me dijeron que el miedo manda, pero yo aprendí a responderle con carcajadas,
porque Soy firme cuando todo tiembla,
y mientras otros buscan suerte yo busco camino,
apurado por un corazón que late como tambor de guerra,
marcando el paso que nadie puede detener.
Crecí viendo cómo la gente se rinde sin avisar,
pero yo no vine a este mundo a pactar con la flojera,
pues Mi mente obedece a mi coraje,
y cada amanecer lo recibo como si fuera un reto directo del universo.
Dicen que uno carga su historia como carga un fusil,
y yo lo cargo bien, sin que me pese, porque sé de dónde vengo y sé a dónde voy.
En los ranchos dicen que quien mira de frente nunca pierde,
y yo he aprendido a mirar incluso cuando la noche me gruñe al oído,
porque Elijo avanzar siempre,
y aunque el cansancio se aferre a mis talones, no me tumba,
ni me doma, ni me arranca el fuego que llevo debajo del pecho.
Yo conozco el filo de mis dudas, las he visto bailar alrededor de mis sueños,
pero también sé enfrentarlas sin pestañear,
porque Nada me quiebra por dentro,
ni la soledad, ni el frío, ni la memoria de mis errores.
Todo eso lo convierto en polvo viejo que dejo atrás con cada paso nuevo.
El camino no se abre solo, hay que empujarlo con dientes,
con decisión, con carácter, con alma,
porque Mi espíritu no retrocede,
y aunque haya tormentas que quieran apagarme, al final soy yo quien decide cuánto brillo.
Muchos creen que el miedo es enemigo,
pero el miedo también es herramienta en manos del valiente,
por eso El miedo trabaja para mí,
y me afila, y me avisa, y me empuja a cruzar puertas que otros ni se atreven a tocar.
La vida no me regaló disciplina, me la tatuó a golpes,
me la sembró en los huesos hasta hacerse parte de mí,
y por eso La disciplina es mi libertad,
mi modo de enfrentar el mundo sin pedir permiso,
con pasos que no tiemblan aunque todo alrededor se desmorone.
He escuchado voces internas que me quieren frenar,
pero aprendí a distinguir la mentira del impulso verdadero,
porque Mi voz interna es aliada,
y cuando habla, la escucho, porque me habla con la verdad de la sangre que he derramado por llegar hasta aquí.
No hay camino seguro, no hay destino asegurado,
pero hay hombres que caminan con tal claridad que la tierra misma se acomoda,
y por eso Camino con certeza total,
sin prisa, sin miedo, sin pedir aplausos,
solo con la convicción de que donde pongo el pie dejo grabada mi historia.
Y así sigo, firme como trueno, tranquilo como río viejo,
con la memoria despierta y los puños listos por si la vida me quiere probar otra vez,
porque este corrido